Ya somos muchas las que estamos escribiendo acerca de lo que ocurrió el otro día en un blog amigo. Hubo un comentario anónimo, en referencia a un post donde hablaba del porteo de su hijo en portabebés, que dejó mucho que desear, no por sus ideas sino por la falta de respeto mostrada. Tanta fue esta que acabó por decir que las que creemos en la crianza natural somos sectarias (es decir, somos fanáticas de la crianza natural), algo que pienso que es totalmente negativo y contraproducente, pues los fanatismos y los extremos nunca son buenos.
En todo el mundo existen millones de formas de criar a un hijo, tantas formas como padres, desde las que dejan al niño en libre albedrío y pasan de él hasta los que “educan” a sus hijos a golpes. Ambos extremos son extremadamente negativos. Es igual de malo imponer tus deseos en el niño a la fuerza y pegando e insultando que dejar al niño (que aún no sabe valerse por sí mismo y no sabe valorar qué es lo mejor y lo peor para él así como reconocer los peligros) como cosa perdida y no hacerle ni el menor caso. A esto se le llama maltrato por omisión, a lo otro maltrato físico o psicológico, aunque todos ellos no dejan de ser maltrato infantil.
